Maradona: una historia bíblica

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Un pequeño tributo al genio del futbol

El futbol estaba desordenado y vacío, hasta que llegó un tal Diego.

Con sus pies le puso orden a la idea del balón que antes nadie entendía. Nos mostró el camino de lo excelso y lo ordinario. Acercó la idea de la gloria a nuestra circunstancia. Por un lado encarnaba al futbolista mágico y por otro se mostraba tan común y tan corriente, como tú y yo. Era de barrio pobre, chaparro, gordo, borracho amable y desenfrenado lujurioso; los excesos en su vida eran un fiel reflejo del talento que en la cancha le sobraba.

Maradona es ese símbolo y esperanza de llegar a lo más alto aunque no tengamos la disciplina, ni los recursos, ni la fisonomía, ni nada de lo que tienen las leyendas del deporte. Bastaría encontrar y explotar nuestro talento único sin aspirar a la idea de la perfección absoluta e inmácula.

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Diego Armando era del pueblo y para el pueblo.

Se metía en temas políticos y sociales y en todo lo que no le importaba. Muchos no lo entienden porque exigen que un futbolista se limite a hablar de lo que pasa en 90 minutos, esas personas ignoran que Diego tenía licencia para decir lo que sea porque eso hacen los extranjeros de este planeta. Maradona pedía perdón y no permiso.

Hablar del máximo 10 es hablar de orden y caos, de génesis y de apocalipsis.

Como esa tarde del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca. Se jugaban los cuartos de final cuando Maradona supo que sus 165 centímetros de altura eran insuficientes para alcanzar un balón alto, por lo que en un instante decidió que las reglas del futbol no le bastaban y con la famosa “mano de dios” hizo el gol más tramposo de la historia. Pocos minutos más tarde atravesó casi toda la cancha dejando mareados a los rivales para anotar el gol más hermoso y épico de todos los tiempos. Era un partido Argentina vs Inglaterra que se vivió en el contexto de una guerra entre ambos países. Diego abría así el camino para ser campeón en el mejor mundial de la historia.

Años más tarde, el portero rival diría que el segundo gol fue consecuencia del primero: “frustrados, apenas nos estábamos recuperando del gol con la mano, si no hubiera anotado de esa forma nunca nos habría metido el segundo gol”. No existe la luz sin la sombra.

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Ese era Maradona, lleno de conceptos e historias como esta, que ningún Pelé, Cristiano, Cruyff o Messi jamás tendrán desde sus privilegios y sus correcciones.

Diego, tan deidad y tan humano, se cansó de generar polémicas personales mientras se consagraba como el único capaz de hacer del futbol una religión. Convertía el balón en historia mientras se drogaba, atacaba a periodistas con un rifle, golpeaba colegas y hacía trampa siempre que podía.

Al futbol le faltaba la paradoja argentina.

Futbol que desde los días de su llegada, ya no está vacío: lo llenó de historias y de gente, de vergüenzas y genialidades, de desperdicios y de mucha esperanza.

Con su partida, queda claro que se hablará de Maradona mientras ruede el balón y mientras gire el planeta.

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Diego fue la verdadera religión: logró re-ligar la idea divina con las pasiones más sinceras del pueblo. Por eso no lloramos solo a un dios del futbol, sino a uno de los nuestros. Se fue un hermano, un padre y un vecino, el más dios y el más diablo de todos.

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Me basta recordar también el partido de Argentina vs Islandia en el mundial pasado sucedido en tierras rusas.

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Yo, como todos, estaba ese sábado en Moscú para ver a Messi; pero desde el momento en que Diego puso un pie en el estadio, todos nos rendimos ante el verbo encarnado descendido en forma de aficionado. A lo que pasó en la cancha nadie le puso atención. Las miradas, los aplausos y los cánticos de todo el partido no fueron para alabar a Lionel, sino para aquél que lo creó todo.

No recuerdo el marcador ni nada de lo que pasó en el partido. Lo único que sé es que fue lo más cerca que estuve del 10, una insospechada experiencia que a manera de epifanía me permitió entender el evangelio del amor máximo entre pueblo y deporte. Supuse entonces que la idea de Maradona como símbolo religioso siempre ha estado en la sagrada escritura: “en el principio creó Diego el futbol y la tierra”.

Y vio que era bueno.

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Creo en el poder del verdadero storytelling.

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