La infame casa de Hitler

«¿Y por qué no la tiran, si esta casa es la vergüenza del pueblo?», me cuestionaba al caminar apresurado en chanclas por alguna de las escasas calles de Braunau Am Inn, una pequeña localidad al norte de Austria que visité por el morbo que me han llevado a muchos lugares.

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Braunau Am Inn, Austria, 2006

En esa ocasión, mi yo detective-historiador estaba ahí por una curiosidad oscura, la casa de la que ninguno de los lugareños habla, el lugar que vio nacer al personaje más determinante del siglo XX: Adolfo Hitler, el Führer.

Ya había leído de ese lugar, se le conoce como la casa de Hitler pero en realidad era una posada con varios cuartos, en uno de los cuales nació el famoso dictador que aunque solo pasó semanas en ese edificio, lo dejó manchado para siempre, así como lo hizo con el mundo entero.

Este pueblo pasó de anónimo a famoso a partir de que Hitler escribiera en su libro Mein Kampf que “el destino eligió Braunau como su lugar de nacimiento”, desde esas palabras la historia del pueblo y de la casa serían un ir y venir de controversias. Al llegar Hitler al poder, la Gasthaus Pommer se convirtió en un lugar de culto nazi y de “turismo pardo”, incluso algunos fanáticos le atribuían poderes milagrosos de sanación.

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Cuando el Tercer Reich estaba a punto de ser derrotado por los aliados, los nazis intentaron demolerla para que no fuera un trofeo de guerra pero un soldado americano con orígenes judíos llegó primero a impedirlo. A partir de ahí la casa del número 15 de la calle Salzburger Vorstadt ha tenido varias funciones, como una escuela para niños y un centro de rehabilitación.

La polémica que me llevó a Braunau en el 2006 tenía voces de tres bandos: unos que estaban a favor de que la casa cumpliera funciones sociales, otro que exigía a base de gritos y protestas la demolición del edificio y finalmente, el lado neonazi, que en secreto le seguía dando tributo al líder nacido en Austria.

«¿Y por qué no la tiran, si esta casa es la vergüenza del pueblo?», me seguía preguntando a medida que me acercaba.

Finalmente llegué a su esquina amarilla, pálida quizá de vergüenza.

Entonces todas las imágenes de la Segunda Guerra Mundial invadieron mis pensamientos. Era increíble imaginar que un pequeño bebé ahí nacido iba a cambiar el rumbo de la historia.

Me acerqué más a leer lo que dice en una piedra conmemorativa que antes estuvo en Mauthausen, un campo de concentración y de exterminio nazi: “FÜR FRIEDEN FREIHEIT UND DEMOKRATIE NIE WIEDER FASCHISMUS MILLIONEN TOTE MAHNEN”. Por la paz, la libertad y la democracia, nunca más el fascismo, millones de muertos lo reclaman.

¡Claro! El inequívoco pasado que está presente evitar su repetición, el ayer que nos orienta a partir de las infamias que nos recuerda.

Finalmente entendí que algunas memorias se quedan firmes como esa piedra, para construir sobre ellas los esfuerzos de un mejor futuro.

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Creo en el poder del verdadero storytelling.

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